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martes, 27 de marzo de 2012

El tiempo vuela cuando uno se divierte, love, love

¡Halaaaaaaaa...! Año y pico sin decir ni pío. Bueno, por twitter sí pío de vez en cuando (ja   ja   ja).
Ya no me acordaba yo de esto.
Y es que resulta que parece ser que los de la NASA no se habían llevado todo el amor que había en el mundo, y por eso hace casi un compromiso de permanencia de Timofónica que no dedico las noches a escribir sandeces para colgarlas en Internet, con el mismo resultado que si las metiera, escritas en sumerio, en un botellín de Mahou y lo echara al Pisuerga.

¡Porque al final va a ser verdad que el lobo está en el aire (Love is in the air, nia nia na nia na nia) y hace ya trece meses que tengo alguien a quien contárselas de primera mano mientras me hace la cucharita! (Más guaaaaaaaaaapoooo, e inteligente, y culto, y gracioso, y suave... Y una sonrisa, y unos ojazos...¡Y toca la batería! ¡Y la guitarra! ¡Y escribe, y mueve las orejas!) Apenas protesta y a veces hasta me escucha. Me abraza y se me corta el aliento. Si eso no es amor, que baje Dior y lo vea.

Me sigo quejando a todas horas, porque las buenas costumbres no hay que perderlas y motivos siempre hay, pero en realidad vivo feliz como un escarabajo pelotero, un escarabajo pelotero con una enorme y preciosa pelotita de mierda, que le acompaña y da sentido a su vida. ¡Ays, el amor, esa mierda maravillosa...!

A riesgo de ser tachada de comeflores por los habitantes del planeta Espiga 4, donde mi blog es un exitazo...

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡TE QUIERO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


Mi nuevo y feliz "Yo"

sábado, 29 de mayo de 2010

Y llorar, lo justo p'a desahogarse, nada más.

Hoy me ha quedado claro, para siempre y de una vez por todas, que el amor no existe. Son los padres. Y, si existe, se lo ha llevado la NASA y lo tiene guardado en un frasco para estudiarlo en el futuro, cuando se aburran de mirar p'arriba.
No quiero extenderme acerca de las premisas en las que me baso para llegar a esta conclusión, pero... Digamos que cuando alguien decide sacarte de su vida de una patada en el culo digna de Lionel Messi, por mucho que tú seas una mujer increíble, apasionada, inteligente y no te la merezcas, no conviene felicitarle por su cumpleaños. Ni aunque pongas una carita sonriente al final. Mal hecho. No sé qué coño esperaba, la verdad.
En mi caso, el resultado de tan feliz ocurrencia ha sido un mensajito que me ha provisto de hora y media de llorar amargamente y sorber mocos como un niño de teta, mientras intentaba, de forma infructuosa, comentar un texto de Miguel Manzano.

Una cosa que suelo hacer yo y, supongo que muchos, es poner música acorde con mi estado de ánimo, y en este caso, tocaban baladas. Música de llorar. De la de sentirte todavía peor y llorar más fuerte, para acabar antes. Quizá deberíamos poner música para alcanzar un estado de ánimo más feliz, en vez de más chungo, pero somos así de masocas.  Y de eso va a ir este post, de canciones para llorar. No porque sean malas, ¡ojo! todo lo contrario, sino porque  te dan un masaje al corazón cuando te lesionas. Al principio duele más, pero luego alivia.

Los maestros Journey, genios del Rock en general y de las baladas en particular. He escogido Open arms, aparte de porque es un temazo, porque la estaba escuchando cuando me he puesto a llorar con más ganas.



Hay dos millones de versiones de este tema de Leonard Cohen, pero si he de elegir una, desde luego es ésta que hizo Jeff Buckley. Cuando la escucho se me hiela la sangre en las venas.



Mr. Gary Moore, en su línea... Still got the blues. Espero que al menos el blues no me abandone.



Un clásico de Scorpions. I'm still loving you. Se puede decir más alto pero no más claro.



Ahí lo dejo, de momento. Ya se me ha pasado el berriiiiinche, hace rato que salió el sol y, bueno, debería irme a la cama como los demás músicos.

Y a tí... Que cumplas muchos más, rodeado de gente que te quiera.  
Aunque no te querrá ni la mitad que yo, por muchos cumpleaños que celebren contigo.