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martes, 23 de julio de 2013

Ocho años

Ocho añacos hizo ayer que me metí en la verbena. De teclista. De teclista secuenciada, vale. Pero en la verbena. Ocho años, que se dice pronto y se viven deprisa. Tela marinera.
Ocho marranos que podíamos haber criau, que diría mi abuela.

Llegado este punto, con la perspectiva que me otorgan la experiencia y la madurez (¡ejem!), me veo en la obligación de hacer balance de todos estos años y de la decisión de tirarlos a la mierda de una manera tan miserable dedicarlos a esta noble labor. Y de dicho balance, se desprende la siguiente reflexión:

Si a mí, ahora, me ofrecen retroceder en el tiempo, aprovechando un viaje de la señora ésa que vende lejía puerta-a-puerta, y me topo conmigo misma, trompa, en ese bar del barrio, botellín de Mahou en una mano y El Norte de Castilla (abierto por las ofertas de trabajo) en la otra, le meto un meneo al puto periódico que el norte de Castilla lo pongo en Jerez.

¡Qué agusto habría estado yo, disfrutando los veranos en el pueblo, antes de la "vida adulta", como todo hijo de vecino! Sacando mi carrera, sin más preocupaciones que las del instituto: gestar sobresalientes tocándome los cojones a dos manos y mamarme los fines de semana, soportando, mientras tanto, a mi novio de entonces, que era esencialmente gilipollas y un putillas de cuidado. Aunque algo bueno debía de tener, porque llevaba soportándolo dos años. (Tonta he sido toda la vida, p'a qué nos vamos a engañar).


Y ná... Qué queréis que os diga... Podría haberme dado al caballo, que es peor.

jueves, 19 de abril de 2012

Ofú, no tengo tiempo p'a ná. Extraterrestre.

A las buenas... Noches... Días... Lo que sea.
Estoy con la orquesta hasta los cojones arriba de curro. Bolos, ensayos, fotos. Coche arriba y coche abajo como si no hubiera nada más importante en el mundo que hacerle más y más kilómetros a un R11 de hace casi veintisiete años, que es la maravilla de la tecnología mecánica en la que me desplazo. Así soy yo, sibarita.

Pero bueno, mientras viajo y trabajo, la Familadilla Real me divierte con sus peripecias. Qué gente, es un no parar de reír. Ríes por no llorar, sí, pero te ríes, que es lo importante.

Normalmente dejo para el último momento todo lo que tengo que hacer. Si en algo soy buena es en perder el tiempo y procrastinar. Ahora mismo estoy liada haciendo trabajos que debería haber hecho en Semana Santa, que cierto es que no he tenido tiempo en Semana Santa ni de tirarme un pedo y recrearme en olerlo después, pero cierto es también que lo podía haber hecho ayer o antes de ayer y me he estado tocando el ombligo a dos manos hasta estar haciéndolos ahora, que ya me ha pillado el toro, porque encima son tres, para entregar hoy y sólo he hecho el primero, que era ver Extraterrestre de Nacho Vigalondo y comentarla. El segundo es un comentario de un texto del cual no entiendo gran cosa y el tercero, comentar un anuncio, videoclip, película o lo que sea que se me antoje comentar. Nos pasamos el día comentando.

Como me sobra mucho tiempo, he venido aquí a perder una parte, no siendo que realmente me fuera a dar para hacer algo más antes de irme a clase. Que me saltaré las primeras dos horas, claro. No sé si para dormir una o para intentar terminar lo que sea que empiece ahora.

Bueno, realmente he venido aquí a recomendar al mundo que vea Extraterrestre porque me parece que debe ser vista. No os vais a encontrar espiganos, ni a Bruce Willis ni a Will Smith salvando el mundo. Es más, lo que viene siendo la invasión extraterrestre tampoco pinta mucho en la trama de la película, salvo por el personaje de Raúl Cimas, que se convierte en una especie de héroe que lucha por el pueblo sin tener ni puta idea de por dónde le sopla el viento. Se me ha hecho un poco excesiva de metraje, como que en realidad habría ido mejor siendo un corto, pero vamos, un corto genial, en cualquier caso. Con pocos medios económicos, tres o cuatro escenarios y cinco actores (Michelle Jenner, Raúl Cimas, Julián Villagrán, Carlos Areces y Miguel Noguera), Vigalondo tampoco ha necesitado más.

Yo me la he bajado de Internés porque soy pobre, y me sobra mucho mes al final del sueldo, pero he sido castigada con una horrible versión en TS Screener, cámara en mano. En la mano de alguien con un pulso que como para ponerse a robar panderetas, que además debía de ser ciego, porque no enfocaba a la pantalla ni de casualidad y que estaba muriendo de tos ferina. Id al cine, que merece la pena. Fotografía cuidada, buen guión, buen trabajo interpretativo, un platillo volante más grande que mi pueblo y un frasco de melocotones. P'a qué más.

jueves, 29 de marzo de 2012

Servicios Mínimos

En Galindosfera estamos cumpliendo con los servicios mínimos. Ayer me fui a la Coruña a comprar ropa para la orquesta. La tendencia del vestuario va a ser más o menos "choni cuarentona de comunión", pero ya lo trataré en otro momento porque si me lío con eso, ya no serían "servicios mínimos" sino una jornada laboral normal y corriente, y ésta que está aquí tiene que ir a manifestarse y esas cosas.



Os voy a dejar con un vídeo en el que se traduce con palabras llanas el discurso del gobierno acerca de la reforma laboral por que estamos protestando hoy, para el que ande un poco perdido.




Nota: Veréis al final el emblema de Izquierda Unida. Si alguno no simpatiza con ellos, que no se sugestione; en el vídeo se cuenta lo que hay, ni más ni menos.


¡A cuidarse!

jueves, 13 de enero de 2011

La noche que hablé con el increíble Hombre-Pene

El hombre pene. Un ser que floreció en mi Messenger y al que nunca contesté cuando me hablaba por la sencilla razón de que en su foto de perfil ha puesto una foto de su polla.

Hoy, después de una larga, larga, larguísima conversación con mi logopeda (que ya no sé si es mi logopeda, mi rollo o qué cojones, pero vamos a llamarle Logo para abreviar) acerca del amor, las relaciones, adónde va esto y adónde no va, quiénes somos, qué opinas del sexo de los ángeles y cómo afecta eso a tu visión de la vida, bla, bla, bla... motivada por un momento un tanto incómodo de no sé si darte un beso o dos, estaba tan insomne, aburrida y agobiada que he contestado al Hombre-Pene.

El Hombre-Pene ha resultado ser de ascendencia conquense y nacido y afincado en Barcelona, y al parecer YO MISMA le facilité mi messenger en un pueblo de Cuenca en el que estaba tocando. Normalmente no le doy mi messenger a nadie. Sin embargo, lo atribuyo al perpetuo estado de embriaguez en el que me sumí cuando trabajaba por aquellos lares.

El Hombre-Pene ha mostrado un gran interés en conocer la opinión que me merece su miembro, y luego me ha propuesto un encuentro en zona conquense, dando por sentado que el mismo me resultaría una motivación excelente. Vamos a ver, Hombre-Pene:
a) Las pollas son como los coches. Pueden ser grandes, pequeños, bonitos o feos, pero al final lo que cuenta es cómo funcionan y cómo se usen.
b) Aunque no lo creas, por esta zona del país la gente también nace con pene.
c) El tamaño desmesurado del que presumes puede quedar muy bien en las fotos, pero hace más daño que otra cosa. Y, desde luego, si una tía después de echar un polvo contigo se queda escocida tres días no te va a llamar para contártelo. Fatiguita me dá na más pensarlo.

El Hombre-Pene, un ser honorable y de principios, también me ha contado que rechazó una proposición para hacer porno, porque eso sería como prostituirse, y a él le gusta que las mozas que se le acercan por su cara bonita se sorprendan al descubrir sus magníficos atributos. Que, digo yo, poniéndolo de imagen en el messenger, ¿no estás jodiendo la sorpresa?

Al final la sorpresa fue que me mandó una foto normal, y descubrí que el Hombre-Pene es un chico bastante guapo, de grandes e inocentes ojos azules, con un perrito súpermono. Ver para creer... Está la cosa como para fiarse de unos ojos azules.

Me despedí cortésmente del Hombre-Pene, atemorizada ante la posibilidad de soñar con horribles falos gigantes persiguiéndome a saltitos por la serranía conquense. (O con las movidas de Logo que, por cierto, también es de Cuenca, y que creo que me dan aún más miedo).

miércoles, 12 de enero de 2011

Las cosas que pasan (porque soy imbécil y lo permito)

Cosas que pasan...

Rematricularte por inercia en una carrera en la que te has matriculado por inercia y arrepentirte en el acto. Que no te devuelvan ni una peseta de la matrícula después de anular.Teñirte el pelo de rojo, de negro para tapar el rojo y decolorarlo para volver al rubio (o alcanzar la calvicie). Volver a caer en las garras de un antiguo follamigo y luego huir de ellas. Renovar con la misma empresa aunque en realidad te apetezca decirle a tu jefe que es un capullo, el cantante un gilipollas y que el cómputo de toda su orquesta se la puede meter por el culo, empezando por el camión. Aceptar ensayar los viernes y perder el derecho a rehabilitación. Que te dé por el deporte cuando tienes doscientas mil secuelas que te impiden hacerlo. Ponerte a trabajar de extra en un bar por miserables cinco euros la hora y aún así pensar que has tenido suerte. Ligarte a tu logopeda buenorro, maduro, inteligente, simpático, conquense, deportista, con dos carreras, plaza fija, piso, perro y todoterreno y que no sea un aquí te pillo-aquí te mato y si te he visto-no me acuerdo y no pensar más que en la forma de espantarlo, como a todos los demás, porque el gato escaldado huye del agua fría.

miércoles, 30 de junio de 2010

Qué malita estoy... (Y qué poco me quejo)

Hoy he vuelto a ir al médico por quincuagésima vez en quince días. Por lo visto se está celebrando una especie de  Mortal Combat entre microorganismos, y lo que viene siendo el campo de batalla, lo están dejando hecho una birria (osea, a mí).  Llevo el bolso lleno de drogas: antibióticos, antimicóticos, antiinflamatorios, mucolíticos, relajantes, corticoides, analgésicos varios, antihistamínicos, anticonceptivos... Hasta las narices estoy. Y esto con veintitrés años, que cuando tenga la edad de mi agüela, voy a estar para el arrastre. Si es que llego.

Y, como siempre que voy a Urgencias, me he visto en la obligación de decir, con voz de profunda desesperación y cara de ayúdemeDoctorporDiorquemestoyjugandolavidalacarrerayelpan "Es que encima soy cantaaaaaaaaaaaaante", con la esperanza de que el médico me diga algo como: "Ah, bueno, haberlo dicho antes, mujé. No te preocupes, que aquí tengo Cantantositina, que lo cura todo en un periquete. Te pongo una inyección y ¡hale! ¡a cantar como la Caballé!" o, mejor aún, en plan americano: "¡¡¡¡Santo Dios!!!! ¡¡¡¡Código Pachanga!!!! ¡¡¡¡Tráiganme doscientos miligramos de cantantosidol!!!!" y me traten mejor que al Rey. Pero eso no pasa nunca. Lo normal es que salga de allí con más patologías de las que yo sospechaba en un principio y más acojonada todavía. Y hoy, de regalo, una orden tajante de hacer reposo vocal ABSOLUTO, y otra de beber muchos, muchos, muchíííiííííísimos líquidos. Sólo tengo cerveza.

Las Urgencias del centro de salud que me corresponde aquí son un punto. Casi nunca hay nadie, te atienden como cuatro médicos (el que te toca, y los otros tres de guardia, que no tienen nada que hacer), te miran y te remiran, no como la lers que tengo por médico de cabecera que lo más que hace es tomarte la tensión, y después se reúnen detrás de la mesa y hacen un diagnóstico diferencial express.

Hoy estaban capitaneados por un médico que, arriesgándome, diría que es venezolano y que, no sé por qué, me inspiraba mucha confianza. Yo no sé si ha sido por el acentillo, como muy de telenovela (porque, en las telenovelas, cada vez que sale un médico, el resto de los personajes le miran como si fuera Dios en la Tierra),
 pero hablaba con un aplomo, y tenía un saber estar, y agarraba el boli con una firmeza... Y casi ni se ha movido de la mesa. Porque para el trabajo sucio ya están los demás. De la revisión en sí, se ha hecho cargo una muchacha de unos doce años con un mechón de pelo azul y una trencita una doctora joven, mientras que los otros dos se asomaban a mi garganta para opinar. House en versión Seguridad Social española. Casas.

Eso sí, he tenido que llamar a un equipo de especialistas criptógrafos para descifrar el papelito del diagnóstico y las prescripciones. Se ve que en Venezuela también tienen Anticaligrafía como asignatura obligatoria para especializarse en Medicina.

miércoles, 23 de junio de 2010

El día que NO toqué en Murcia

Hoy, y con la amenaza pesando sobre las cabezas de toda la orquesta desde hace un par de meses, íbamos a tocar en Murciaquéhermosaeres, por San Juan. Mi orquesta es de Casiasturias. Desde Casiasturias a Murcia hay del orden de unos tropecientos millones de kilómetros, que íbamos a hacer del tirón, ida y vuelta, sin parar a dormir ni ná de ná. Esto implica quedar en Tordesillas, punto neurálgico de la Castilla de arriba en cuanto a autovías se refiere, a eso de las once de la mañana, para posteriormente pegarnos un viaje de unas nueve horas, llegar allí como a las ocho de la tarde para empezar a tocar con un horario de doce de la noche-lo que haga falta, y después desmontar y pegarnos otro viaje de otras nueve horas y, desde Tordesillas, irse cada uno a su casa. En mi caso, a unos noventa y tantos kilómetros. Yo le había echado aproximadamente unas treinta y cinco horas de jornada laboral, en el mejor de los casos. Y no, no tenemos chófer ni tampoco nos pagan las dietas. Para luego cotizar como quince euros, claro. En fin... Viva el convenio.

La cosa es que, cuando yo ya estaba casi de camino a Tordesillas, me da por mirar el otro móvil. Sí, tengo dos. Y ése no lo he estado mirando mucho por la sencilla razón de que este mes no he pagado a los señores de naranja y me han cortado la línea. Y me encuentro un mensaje de mi jefe que dice (cito textualmente):
"Se callo la fecha de murcia.confirma que as leido el sms con una perdida."

El mensajito de marras es de las 12:01 de ayer. Obviamente, yo, que lo acabo de leer, no he confirmado nada. Pues tampoco me han llamado, para asegurarse de que me había llegado la información. O para asegurarse de que no. Ni aunque sea para ver si tengo el móvil encendido, que a menudo los pierdo por el coche y los encuentro a los quince días. O me lo podían haber robado. O haber estado en una zona sin cobertura, como es casi toda mi casa. O viniendo de Punta Cana en avión. Nada. Y eso que, para variar, por si pasaba algo raro de ésta índole, tenía ambos móviles con sonido. Me pillaron en el médico.

Por lo menos un correo electrónico como refuerzo informativo, porque yo el móvil lo miro poco, pero el correo, el tuenti, el facebook y el twitter los chequeo de una forma bastante regular. Y lo saben, que lo he dicho. Mi portátil trabaja como los paquetes de Fortuna 25, veinticinco horas al día.

Así que yo ahora no sé si irme a mi pueblo de mis amores a celebrarlo, si es que mis amigos de allí no están de exámenes, quedarme en casa haciendo vida de sofá y portátil, que está visto que es una cosa que me llena por completo y me relaja mogollón, o llamar a mi jefe y cagarme en todo lo cagable, que es mucho y lo que más me apetece ahora mismo.

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Edición de última hora: He llamado a mi jefe. Por supuesto, no me he cagado en nada. Y lo cojonudo es que me ha dicho que sabe que yo no suelo mirar el móvil y que, por si acaso, ha comprobado SU correo (WTF!?) tres veces durante el día de ayer. Gracias, muy útil...